Siempre juntos

Esta carta habla de la lucha diaria, de la fuerza y de la promesa de no soltar la mano.

Bueno… ¿qué puedo decir?

Que estuve ocho horas seguidas con contracciones, muchos dolores, un parto natural porque no hubo tiempo para la epidural. Y al final, un niño precioso, rubio, con 53 cm y 3,700 kg.

Con mucho miedo de ser madre y de saber si iba a estar a la altura, con tan solo 22 años recién cumplidos.

Mi angelito. Ese día lo tengo grabado en mi mente, y eso que hoy acaban de pasar cinco años. Cinco años en los que ha habido muchos momentos duros, de angustia, de miedos, de incomprensión hacia lo desconocido. De tener que superar cada día las pruebas que se nos ponían en el camino. De tener que ser fuerte porque tú dependes de mí, y de saber que tengo que ser valiente pase lo que pase.

El autismo no es una enfermedad, sino una manera distinta de ver y de sentir las cosas, y que por lo tanto conlleva mucho sacrificio.

Es duro sobrellevarlo en una sociedad demasiado estereotipada, con unos estereotipos muy definidos.

Muchas veces nuestra lucha se parece a un inmenso ejército al que no se le puede derrumbar. Creo personalmente que si alguien grabara nuestras vidas, el día a día, se nos podría hacer a cada una de nosotras un monumento en nuestro honor: por sobrellevar lo imposible, buscar cada ayuda y cada lugar adecuado para nuestros hijos, aguantar más de una jornada de trabajo detrás de ellos, sin parar un solo segundo porque son hiperactivos y requieren atención constante.

O esa mamá que no puede salir a la calle porque su hija no para de gritar debido a un malestar que presenta, y por lo tanto no puede salir.

O ese niño que no tiene movilidad motora, que pasa todo el día en la cama y necesita cuidados especiales.

Estos son solo algunos ejemplos, pero existen muchos más.

Nadie es consciente de ello hasta que lo vive.

Y la sociedad en la que vivimos no nos ayuda lo suficiente para hacer frente a ello en nuestro día a día.

Pese a todo, aún tengo fe y espero que entre todos vayamos poco a poco haciendo esos cambios tan importantes y esenciales, tanto para nuestros hijos como para nosotros mismos.

No olvidemos que, ante todo, son personas: con necesidades, con deseos, con un profundo y verdadero amor por entregar.

Gracias a ellos valoramos lo que nadie valora: una sonrisa, un abrazo, una mirada, un gesto.

Un miércoles 27 de octubre de 2010, a las 20:09, viniste al mundo para ser mi hijo. Para enseñarme a ser mamá, a mirar este mundo desde otra perspectiva, a darme valores impresionantes.

Por todo ello te doy las gracias, porque me has hecho ser mejor persona en todos los aspectos. Y juntos lograremos muchas cosas. Ya hemos empezado, y esto va para largo…

Te quiero, mi minou minou.
Mi pequeñito ángel.
Siempre juntos.
Te amo.

carta dylan2