Historia del autismo

El conocimiento sobre el autismo ha evolucionado enormemente a lo largo del último siglo.

Aunque hoy entendemos que forma parte de la neurodiversidad humana, su historia comenzó con interpretaciones muy diferentes.

A continuación, repasamos los hitos más importantes que marcaron la comprensión del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Los orígenes del término “autismo”

El término autismo fue utilizado por primera vez en 1908 por el psiquiatra suizo Eugen Bleuler.

Bleuler lo empleó para describir un rasgo de aislamiento social y desconexión de la realidad que observaba en algunos pacientes con esquizofrenia.

La palabra proviene del griego “autos”, que significa “por sí mismo” o “encerrado en uno mismo”.

En aquel momento, se utilizaba para expresar la dificultad de conectar con el mundo exterior, aunque el concepto aún no tenía relación con lo que hoy conocemos como autismo infantil.

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Leo Kanner y la descripción moderna del autismo

En 1943, el psiquiatra Leo Kanner publicó un estudio que cambiaría la historia: describió por primera vez un grupo de niños que presentaban dificultades sociales, lenguaje inusual e intereses restringidos, pero con un desarrollo intelectual variable.

Kanner fue el primero en distinguir el autismo de la esquizofrenia infantil, sentando las bases del diagnóstico moderno del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Hans Asperger y su contribución

Un año después, en 1944, el psiquiatra austríaco Hans Asperger presentó sus investigaciones sobre un grupo de niños con características similares, pero con un lenguaje verbal más desarrollado y una alta capacidad intelectual.

Describió este cuadro como una forma más leve de autismo, que más tarde recibiría el nombre de síndrome de Asperger.

El Asperger suele detectarse más tarde, generalmente entre los 12 y 14 años, ya que el lenguaje verbal se desarrolla con normalidad.

Sin embargo, muchos adolescentes con este perfil experimentan dificultades sociales, especialmente en el entorno escolar, donde el bullying puede aparecer como una consecuencia del desconocimiento y la falta de empatía.

De la clasificación al reconocimiento

Durante décadas, el autismo se clasificó en distintos tipos (autismo clásico, síndrome de Asperger, trastorno generalizado del desarrollo…).

Sin embargo, con el avance de la investigación, se comprendió que no existen “tipos” separados, sino un espectro amplio y diverso de manifestaciones.

Hoy, el término Trastorno del Espectro Autista (TEA) engloba todas estas variantes, reconociendo que cada persona tiene un perfil único, con sus propias habilidades, desafíos y formas de ver el mundo.