¿Qué tipo de autismo podría tener mi hijo/a?

Cuando una familia empieza a notar que su hijo no se comunica o no reacciona como los demás niños de su edad, surgen muchas dudas e incertidumbre.

Y una de las preguntas más frecuentes es: “¿Qué tipo de autismo podría tener mi hijo?”

La respuesta no es sencilla, porque existen tantos tipos de autismo como personas en el mundo.

Cada niño dentro del espectro tiene su propio ritmo, su manera de sentir y de relacionarse con lo que le rodea.

La etapa en la que surgen las primeras dudas

Normalmente, las primeras señales aparecen entre los 18 y los 24 meses de edad.

En ese momento, los padres pueden notar que su bebé:

  1. No señala las cosas que quiere o le interesan.
  2. Dice muy pocas palabras o ninguna.
  3. Evita el contacto visual.
  4. No se gira cuando lo llaman por su nombre.

En esta fase hablamos de “rasgos de autismo”, no de un diagnóstico confirmado.

Se observa la evolución del niño durante un tiempo, porque cada pequeño avanza de manera distinta.

diseño sin título (1)

No existe un test definitivo para diagnosticar el autismo

A día de hoy, no hay una prueba médica que determine de forma exacta si un niño tiene autismo.

El diagnóstico se realiza a través de la observación y el análisis del desarrollo, descartando otras posibles causas que puedan explicar los comportamientos observados.

El proceso suele incluir varias pruebas complementarias que ayudan a descartar otros trastornos o dificultades:

1. Potenciales auditivos

Es la primera prueba que se realiza para comprobar si existe algún tipo de sordera o pérdida auditiva.

Esto se debe a que, cuando el niño no responde al ser llamado, lo primero que se sospecha es un problema de audición.

Si el resultado es normal, se descarta la sordera y se continúa con el siguiente estudio.

2. Electroencefalograma (EEG)

Esta prueba analiza la actividad cerebral durante el descanso o el sueño.

Se utiliza porque entre un 20% y un 40% de los niños con autismo pueden presentar crisis epilépticas nocturnas, aunque en la mayoría de los casos el resultado es normal.

El objetivo es descartar alteraciones neurológicas adicionales que puedan afectar al desarrollo.

3. Estudio del X-Frágil

El síndrome X-Frágil es una de las causas hereditarias más comunes de discapacidad intelectual, y en algunos casos está asociado al autismo.

Esta prueba se recomienda cuando el niño presenta retraso en el habla, dificultades sociales o signos de autismo, y ayuda a descartar un posible origen genético.

La importancia de la observación y el acompañamiento

Incluso después de realizar estas pruebas, no siempre se obtiene una respuesta definitiva.

Por eso, el diagnóstico del autismo se basa principalmente en la observación continua del comportamiento, la comunicación y la interacción del niño a lo largo del tiempo.

Es fundamental contar con un equipo multidisciplinar (pediatra, psicólogo, logopeda, neurólogo infantil) que evalúe el caso desde distintas perspectivas.